Uno puede estar de acuerdo o más frecuentemente en desacuerdo con el volcánico y a menudo divisivo Giulio Tremonti, pero una cosa hay que reconocerle sinceramente al exministro de Hacienda del gobierno Berlusconi: que nunca es baladí y que sus intervenciones, compartidas o no, son casi siempre muy creativas. Ciertamente la intervención que escribió para el Corriere della Sera de ayer sobre los efectos de la furiosa revolución digital, en la que “yo Gigantes de la redhan adquirido “repentinamente y en una escala ahora ilimitada capital y poder” dejando de lado el antiguo “cogito ergo sum” y reemplazándolo por “digito ergo sum”. La revolución digital –escribe Tremonti– se ha convertido en “una técnica que desplaza a la razón; algoritmos que vencen al pensamiento; inteligencia pero artificial, caso en el que el adjetivo parece devorar al sustantivo; empleos destinados a desaparecer y democracias con dificultades para gestionar problemas que vienen de fuera y del futuro”.
Ante el poder abrumador de los gigantes de Internet, sabiamente Tremonti no pide bloquear el camino de la ciencia y la tecnología ni siquiera intentar frenar las redes sociales sino que argumenta que "para defender la democracia hay que ir de raíz, reducir el poder de los “Gigantes de la Red”, reducir el poder de este nuevo complejo industrial-IT y hacerlo aplicando verdaderamente las normas antimonopolio”. ¿Es demasiado tarde o demasiado complejo pensar que incluso para los Gigantes de la Red podemos llegar en muchos casos a una especie de ruptura como la que hizo el propio Estados Unidos en los años XNUMX con las telecomunicaciones? Es difícil decirlo, pero no es casualidad que las conclusiones a las que llega Tremonti sean similares a las de Franco Bernabé e Massimo Gaggi quien, en su reciente libro “Profetas, oligarcas y espías” sobre democracia y sociedad en la era del capitalismo digital. Bernabè y Gaggi sostienen que, tras la era de la laxitud culpable estadounidense sobre el poder avasallador de los Gigantes de Internet, hoy “no faltan herramientas para imponer una corrección de rumbo” y el relanzamiento del antimonopolio puede ocupar un asiento de primera fila. Por lo tanto, son bienvenidos los llamados de atención de Tremonti con la esperanza de que haga valer sus ideas y propuestas sobre la necesidad de frenar el poder desmedido de las Big Tech no solo en las columnas de los diarios sino también en su actividad política y parlamentaria. Y dile al primer ministro también Giorgia Meloni, recién salida de su muy publicitada reunión con el dueño de Tesla de la Twitter, Elon Musk
